El actor habló sobre el éxito de Rocky, la muerte de su hijo, su tormentosa relación con sus padres, la rivalidad con Arnold Schwarzenegger y su cambio de postura política respecto a Donald Trump.
A los 80 años, Sylvester Stallone mira hacia atrás sin demasiado interés por suavizar las heridas. El hombre que convirtió a Rocky Balboa y John Rambo en dos de los personajes más reconocibles del cine admite que no está satisfecho con su trayectoria, reconoce errores provocados por su carácter y todavía carga con episodios familiares que, pese al paso de las décadas, siguen abiertos.
En una extensa entrevista concedida a EL PAÍS en Nueva York con motivo de la publicación de sus memorias, Los escalones, Stallone habló también de la muerte de su hijo Sage, de su antigua rivalidad con Arnold Schwarzenegger, del envejecimiento, la masculinidad y de su posición frente a Donald Trump y las guerras impulsadas por Estados Unidos.

Pregunta. En su libro, el único rodaje del que habla es el de Rocky. ¿Tiene la sensación de que su carrera posterior no ha estado a la altura de lo que esperaba tras ese descomunal éxito en 1976?
Respuesta. Stallone reconoce abiertamente que no está satisfecho con su carrera y atribuye parte de ello a no haber entendido las reglas de Hollywood después de Rocky. Explica que terminó comportándose de manera arrogante, irascible y rencorosa, después de pasar buena parte de su vida escuchando que era un perdedor. Cuando finalmente demostró lo contrario, admite, reaccionó exageradamente y como un niño.
P. ¿Cuándo se empezaron a torcer las cosas?
R. Sitúa el comienzo después de Rocky, cuando filmó F.I.S.T. y la respuesta fue mucho peor de lo esperado. En lugar de asumir las críticas, reaccionaba desafiando a quienes escribían contra él, todavía con una mentalidad de pelea callejera. Con el tiempo entendió que no había sabido dimensionar la enorme fortuna que había significado el éxito de Rocky y que aquella actitud terminó afectando su vida personal, su matrimonio y la relación con sus hijos.

P. Rocky logró tres Oscar, incluido mejor película y dirección. Pero usted estaba nominado como actor y no ganó. ¿Cómo reaccionó?
R. Le dolió y llegó a pensar que sus propias declaraciones le habían creado enemigos dentro de la Academia. Estaba convencido de que tenía posibilidades de ganar y tampoco entendía que la película hubiera perdido otras categorías, como la de mejor música.
P. ¿Todavía le duele hoy, 50 años después?
R. Sí. Stallone asegura que todavía le duele, aunque ahora acepta su responsabilidad y considera que él mismo provocó buena parte de aquella situación.
P. Cuenta en las memorias que cuando escribió el guion de Rocky, tenía 80 dólares en el banco, había llegado a dormir en albergues y bancos y su esposa estaba embarazada de su primer hijo. Pero rechazó una oferta de 360.000 dólares —más de dos millones al cambio actual— si no protagonizaba usted la película. ¿Cómo estaba tan convencido de que iba a triunfar? ¿Siempre ha tenido tanta confianza en sí mismo?
R. No. Stallone recuerda haber crecido con un profundo complejo de inferioridad, alimentado por unos padres que le repetían que no era particularmente inteligente y que, por tanto, debía desarrollar el físico. Pese a ello, asegura que algo le indicaba que no debía rendirse y que protagonizar Rocky representaba probablemente su última oportunidad de convertirse en estrella. La primera proyección fue tan desalentadora que incluso llegó a pensar que su carrera había terminado antes de comenzar.
P. En su libro lanza un mensaje de superación, de no rendirse jamás. ¿No supone una trampa esa idea de que quien no triunfa es porque no se ha esforzado lo suficiente?
R. Para Stallone, solamente la dedicación y el sacrificio absolutos permiten saber hasta dónde puede llegar una persona. Incluso cuando el resultado sea el fracaso, sostiene, queda la certeza de haber agotado todas las posibilidades. Esa, afirma, continúa siendo su filosofía.
P. También cuenta que todos sus esfuerzos estaban impulsados por el deseo de ser amado por sus padres. ¿Ha definido su vida esa búsqueda?
R. Sí, y asegura que todavía lo afecta. El actor admite que sigue preguntándose por qué sus padres no pudieron mostrarle afecto y sostiene que su creciente éxito terminó profundizando aquella distancia, pues considera que sus logros les recordaban sus propias frustraciones.
P. ¿Hizo las paces con ellos?
R. Con su padre, sí; con su madre, no. Stallone distingue entre la violencia física que asociaba con su padre y el daño emocional que atribuye a su madre, una herida que considera especialmente profunda por el vínculo entre madre e hijo.
P. ¿Cómo influyó en su paternidad el haber crecido en un hogar violento?
R. Stallone admite haber sido un hombre de carácter físico y explosivo, aunque asegura que nunca ejerció esa fuerza contra sus hijos. Explica que durante mucho tiempo interpretaba incluso las miradas de desconocidos como desafíos similares a los que vivía con su padre. Esa agresividad lo obligó a aprender a contenerse, aunque reconoce que la competitividad todavía forma parte de su personalidad.
P. Pasó por una de las peores experiencias posibles: perder un hijo. ¿Se recupera uno de algo así?
R. No. La muerte de Sage Stallone, ocurrida en 2012, continúa siendo una herida imposible de cerrar. El actor confiesa que ni siquiera puede tener fotografías de su hijo en casa porque contemplarlas resulta demasiado doloroso. Lo recuerda como una persona intelectual, interesada por el cine de terror y las películas extranjeras, y reconoce que probablemente tampoco fue sencillo para Sage crecer siendo hijo de Sylvester Stallone.
P. Rocky V está basada en su relación con él.
R. Stallone confirma el fuerte componente autobiográfico y recuerda con crudeza el momento en que recibió la noticia de la muerte de Sage mediante una llamada del hombre que acababa de casarse con su madre. Dice que inicialmente guardó el dolor dentro de sí hasta que, dos semanas después, terminó derrumbándose por completo.
P. Se ha hablado mucho de la rivalidad entre Arnold Schwarzenegger y usted. ¿Hasta qué punto era real?
R. Muchísimo. Stallone reconoce que ambos se odiaban y que buena parte de aquella rivalidad provenía de él mismo. La prensa alimentaba constantemente la competencia y Schwarzenegger, según recuerda, sabía manejarla con mayor inteligencia. La paradoja es que actualmente Stallone lo considera uno de sus actores favoritos y asegura que le cae bien.
P. Pero ahora son amigos.
R. Sí. Mantienen contacto y Stallone recuerda incluso la insólita ocasión en que ambos coincidieron en un hospital para someterse prácticamente a la misma operación de hombro, una escena que, vista después de tantos años de rivalidad, le sigue pareciendo increíble.
P. El presidente Donald Trump lo nombró embajador en Hollywood. ¿Qué significa ese cargo?
R. Stallone asegura que se enteró del nombramiento viendo CNN y que inmediatamente llamó a la Casa Blanca para comunicar que no quería el puesto. La denominación de “embajador” de Hollywood le parecía absurda, como si la industria cinematográfica fuera un país extranjero. Cuenta que posteriormente telefoneó a Mel Gibson, también incluido en la iniciativa, y que este tampoco sabía exactamente de qué se trataba.
P. Usted ha defendido a Trump. ¿Qué ha visto su país en él?
R. Stallone reconoce que su posición política ha cambiado y admite que en ocasiones uno termina diciendo cosas que después reconsidera. Aunque señala que Trump consiguió conectar con mucha gente, centra ahora sus críticas en la guerra y particularmente en la participación estadounidense en Irán. Sostiene que los conflictos terminan beneficiando al complejo militar mientras los soldados y la población pagan el costo humano, y considera que una guerra solamente encuentra justificación cuando un país ha sido atacado.
P. Usted moldeó la idea de la masculinidad en los años ochenta. ¿Cómo ve ahora el culto al cuerpo, con la actual pasión por el gimnasio?
R. Stallone considera que el desafío físico continúa teniendo un papel importante para muchos hombres porque lo relaciona con la necesidad de ponerse a prueba, demostrar valentía y superar retos. Desde su perspectiva, esa búsqueda explica parte de las conductas competitivas y arriesgadas tradicionalmente vinculadas con la masculinidad.
P. ¿Y qué opina de las nuevas masculinidades?
R. Reconoce que ni siquiera tiene demasiado claro qué significa el concepto. Su propia visión permanece vinculada a una idea esencialmente física del hombre y sostiene que esa dimensión ha formado históricamente parte de la identidad masculina.
P. ¿Y cómo afronta el envejecimiento una persona que encarnó la fuerza y el vigor masculino?
R. Como una adaptación. Stallone continúa acudiendo al gimnasio, aunque acepta que ya no puede levantar los pesos de antes. Más que perseguir marcas, asegura que necesita permanecer dentro de ese ambiente y encontrar otras maneras de conservar la sensación de fortaleza. Quedarse sentado frente al televisor, dice, sería mucho peor para él. A los 80 años resume su relación con el tiempo con una idea contundente: morir resulta sencillo; lo difícil es vivir.
P. ¿Qué opina del movimiento woke?
R. Le parece algo aburrido. Stallone dice sentirse más atraído por lo extravagante, provocador y escandaloso, y recuerda con nostalgia la libertad creativa y la excentricidad de personajes como Andy Warhol durante los años ochenta. En cualquier caso, considera que esas tendencias funcionan de manera cíclica y que aquella irreverencia está regresando.
La conversación muestra a un Stallone considerablemente más dispuesto a revisar sus propias derrotas que a celebrar sus victorias. El actor que durante décadas construyó personajes capaces de soportar cualquier golpe reconoce ahora que algunas heridas no se resuelven levantándose del suelo: la ausencia de su hijo, el rechazo de sus padres y los errores cometidos después de alcanzar un éxito para el que, según admite, tampoco estaba preparado.
Y aunque su relación con la política también ha cambiado, la frase con la que cerró su encuentro con EL PAÍS dejó clara la cautela con la que ahora aborda el tema: “No me metas en problemas con la política. Solo he dicho que odio las guerras”.
La parte más delicada es Trump: conviene no titular que Stallone “rompió” con él, porque la entrevista no sostiene una ruptura política formal; lo que sí documenta es un cambio de postura y una crítica explícita a la guerra y a la intervención en Irán. Texto pegado









