Estaban adscritos a la oficina ADO en Monterrey y operaban sin permiso.
Con información de INFOBAE
Cuando The Washington Post confirmó que los dos estadounidenses muertos en un accidente en la Sierra de Chihuahua eran agentes de la CIA, el caso explotó mediáticamente. Sin embargo, el periodista de investigación Luis Chaparro, en su canal de YouTube Pie de Nota, fue más lejos: no eran dos, eran cuatro.
Chaparro asegura haber tenido la información antes que el medio estadounidense, y que su redacción logró corroborar que los cuatro operativos estaban adscritos a la ADO —Dirección de Operaciones de la CIA— con sede en Monterrey, Nuevo León. Incluso obtuvo los nombres de tres de ellos: Rick, Jason y Mike, datos que decidió no publicar completos por respeto a las familias, aunque sí confirmó que los cuerpos de dos de los fallecidos fueron entregados en el Consulado de Estados Unidos en Ciudad Juárez: Richard Latel Johnson, de 36 años, y John Duty Black, de 44.
¿Qué estaban haciendo realmente en Chihuahua?
Según la investigación de Chaparro, estos cuatro agentes no eran una presencia nueva ni aislada. Formaban parte de un grupo de más de diez operativos que, desde al menos enero pasado, habían llegado a Ciudad Juárez y participado en más de una decena de operativos en el estado, siempre vistiendo uniformes de la Agencia Estatal de Investigación (AEI) de Chihuahua.
El contexto inmediato del accidente: los agentes regresaban de participar en el desmantelamiento de uno de los narcolaboratorios de cristal más grandes jamás encontrados en México, ubicado en la Sierra de Chihuahua, con condensadores industriales de más de 900 metros. Dos de ellos viajaban en la camioneta que se salió de la carretera, cayó a un barranco y se incendió. Los otros dos iban en otro vehículo.
La Sedena sabía, según fuentes de Chaparro
En entrevista con Azucena Uresti en Grupo Fórmula, Chaparro amplió un dato crítico: algunos mandos de la Sedena estaban al tanto de estos operativos. De acuerdo con sus fuentes, los agentes de la CIA solicitaban directamente a mandos regionales del Ejército su acompañamiento en cada operación, coordinándose también a través de una Oficina de Operaciones Estratégicas de la Fiscalía General de Chihuahua. Además, cada movimiento era autorizado desde un centro de inteligencia en El Paso, Texas.
El fiscal de Chihuahua niega, la Presidenta cuestiona
El Fiscal General César Jáuregui negó rotundamente que los agentes estadounidenses hubieran participado en el operativo del laboratorio, asegurando que los encontraron “a pie de carretera” realizando labores de capacitación, a horas de distancia del lugar. Chaparro señala que Pie de Nota tiene imágenes que los ubican directamente en el sitio del narcolaboratorio.
La presidenta Claudia Sheinbaum, por su parte, reconoció en su conferencia mañanera que la operación aparentemente sí fue conjunta, lo que violaría la Ley de Seguridad Nacional, que prohíbe operaciones en tierra con agencias extranjeras. Sheinbaum advirtió que, de confirmarse, vendría un extrañamiento formal a la Embajada de Estados Unidos.

La buena noticia que la política opacó
Chaparro cerró su análisis con una reflexión contundente: el decomiso de ese megalaboratorio debió haber sido la noticia, un golpe al narcotráfico que beneficia a mexicanos y estadounidenses por igual. En cambio, el encubrimiento del fiscal, el doble discurso de soberanía del gobierno federal y la disputa política entre Chihuahua y la Federación convirtieron una victoria en un escándalo. “La política es la que nos hace daño”, sentenció el periodista.







