No sólo El Mencho, jefe del CJNG, atentó contra la vida del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, también la organización criminal que durante años desafió a las autoridades dejó varios asesinatos de agentes con violencia extrema y expansión territorial.
El asesinato de Rubén “Nemesio” Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), marcó una herida profunda en las fuerzas del orden y su estrategia de seguridad de México y elevó la figura de Omar García Harfuch, actual secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, como uno de los protagonistas centrales en el combate al crimen organizado. Según reportes de Reuters, la muerte del capo, ocurrida tras un operativo militar, tuvo una carga personal para Harfuch, quien años atrás sobrevivió a un atentado atribuido al mismo cártel.
Desde 2020, García Harfuch permanece en entornos de alta seguridad, con rutinas marcadas por estrictas medidas de protección. Vive en un apartamento especialmente acondicionado en la Secretaría de Seguridad, equipado con gimnasio, cocina, sala de conferencias y acceso restringido. Un teléfono exclusivo lo conecta directamente con la presidencia, subrayando su papel fundamental en la estructura de mando. Las detonaciones de armas de fuego en el campo de tiro del complejo forman parte del ambiente diario del funcionario.
El antecedente más relevante para Harfuch fue el atentado que sufrió en junio de 2020. Cuando se dirigía a su oficina en una camioneta blindada, un grupo de hombres armados disfrazados de trabajadores de la vía pública bloqueó su paso y disparó más de 400 veces. El funcionario repelió el ataque y resultó herido en tres ocasiones. Dos de sus escoltas y un civil murieron. Harfuch atribuyó el atentado a El Mencho, jefe del CJNG, organización criminal que durante años desafió a las autoridades con violencia extrema y expansión territorial.
El operativo que culminó con la muerte de El Mencho se gestó tras el secuestro de dos agentes de la Secretaría de Seguridad en Zapopan, Jalisco, una zona de influencia del cártel. Según detalló Reuters, la información obtenida durante la investigación permitió ubicar a uno de los vínculos sentimentales de Oseguera Cervantes. La localización de esta mujer propició la vigilancia de una villa, donde funcionarios estadounidenses y mexicanos confirmaron la presencia del capo. El desenlace ocurrió cuando El Mencho intentó reunirse con sus hijos. Tras un enfrentamiento armado, resultó gravemente herido y murió en un helicóptero militar mientras era trasladado a un hospital. Ocho de sus escoltas y cuatro militares también fallecieron.
La caída de El Mencho generó una ola de violencia en varias regiones del país. Al menos 25 integrantes de la Guardia Nacional perdieron la vida en enfrentamientos posteriores, según reportó Reuters. Se teme que la fragmentación del CJNG derive en nuevas disputas entre facciones rivales, lo que podría incrementar la inestabilidad en zonas estratégicas para el narcotráfico y otras actividades delictivas.
La trayectoria de Omar García Harfuch ha estado marcada por su cercanía con los círculos de poder y la confianza de la presidenta Claudia Sheinbaum. Ingresó al gabinete de seguridad de la Ciudad de México en 2019 y fue designado jefe de la policía tras la destitución de su antecesor por un caso de lavado de dinero. Desde entonces, su perfil público creció, en parte por el intento de asesinato y por los resultados obtenidos en materia de detenciones y reducción de índices delictivos, conforme a lo publicado por Reuters.
Fuentes cercanas al funcionario, citadas por la agencia, destacan su disciplina y el aislamiento que le impone el cargo. Su vida social se ha visto reducida al mínimo y el contacto con su familia es esporádico. Un amigo de años relató que Harfuch pasó de tener una vida social activa a permanecer casi todo el tiempo en instalaciones oficiales, bajo protección permanente.
El linaje de García Harfuch también influye en su perfil. Nieto de Marcelino García Barragán, secretario de Defensa en los años sesenta, e hijo de Javier García Paniagua, exsenador y director de una agencia federal de seguridad, su carrera ha estado marcada por la herencia policial y militar. De acuerdo con declaraciones recogidas por Reuters, esa combinación de experiencia le permitió adaptarse a una estructura de seguridad pública cada vez más militarizada.
No obstante, su figura genera recelos en sectores del partido gobernante Morena. Algunos señalan su posible participación en la coordinación de la búsqueda de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa en 2014, cuando era mando medio en la Policía Federal. Una comisión de la verdad lo citó como asistente a reuniones donde se elaboraron versiones oficiales sobre el caso, aunque nunca fue acusado formalmente de irregularidades. El propio Harfuch afirmó en ocasiones previas que su función se limitó a apoyar las labores de búsqueda.
El endurecimiento en la estrategia contra el crimen organizado, impulsado por Sheinbaum y ejecutado por Harfuch, representa un giro respecto al enfoque de administraciones anteriores. Bajo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, la política de “abrazos, no balazos” buscó contener la violencia mediante el repliegue de las fuerzas armadas y la promoción de programas sociales, aunque durante ese periodo los cárteles expandieron su influencia y diversificaron sus actividades delictivas.
La colaboración entre México y Estados Unidos en materia de seguridad se ha intensificado. En los últimos meses, el gobierno mexicano extraditó a más de 90 presuntos líderes criminales y realizó incautaciones de drogas y armas con el apoyo de agencias estadounidenses. Derek Maltz, exadministrador interino de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), confirmó a Reuters que tras la muerte de El Mencho se ha observado un grado inédito de cooperación e intercambio de inteligencia.
El impacto de la operación ha fortalecido la posición política de García Harfuch. Según Armando Vargas, experto del centro de estudios México Evalúa, el secretario de Seguridad es actualmente “el candidato presidencial número uno”. Diversos analistas consideran que su protagonismo en la lucha contra los cárteles y su cercanía con la presidenta lo perfilan como una figura central para las elecciones de 2030, una vez que concluya el mandato de Sheinbaum.






