Omar García Harfuch, el rostro de mandíbula cuadrada de la campaña contra los cárteles, es un símbolo sexual nacional; “Ten un hijo con mi mujer y yo lo criaré”.
Por Robert P. Walzer para WSJ

En un país asolado desde hace mucho tiempo por la violencia relacionada con las drogas, Omar García Harfuch está inspirando un tipo diferente de obsesión.
El rostro de mandíbula cuadrada del líder de la campaña mexicana contra los cárteles se ha convertido en un insólito símbolo sexual: su imagen varonil aparece estampada en mantas, ha sido reinterpretada en fantasías generadas por IA y transformada en un justiciero enmascarado.
En los mercadillos callejeros y en internet, los compradores pueden encontrar muñecos de “Harfuchito”, almohadas de tamaño natural, mantas de franela e incluso pasteles con su imagen, que lo representa vestido con traje o sin camisa.
Se le recuerda en corridos, o baladas folclóricas mexicanas. Un cantante lo aclamó como “un hombre de gran honor”, una figura intrépida convertida en leyenda después de que fuera “asesinado a balazos” en un intento de asesinato en la Ciudad de México en 2020 que acabó con la vida de dos miembros de su equipo de seguridad.
En TikTok, los vídeos editados por los fans se centran en su sonrisa. «México tiene un nuevo amor platónico», declara un vídeo. Otro, con un primer plano de su rostro, dice: «Con solo mirarte me enamoro».
La ola de admiración se ha intensificado paralelamente a la destacada campaña de García Harfuch contra el crimen organizado.
Un operativo en febrero que acabó con la vida de Nemesio Oseguera, conocido como El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, impulsó aún más su popularidad. La misión tuvo un trasfondo personal: García Harfuch culpó a El Mencho del atentado de 2020.

Esa experiencia cercana a la muerte —y su supervivencia— contribuyó a consolidar su imagen de héroe popular, que ahora se extiende a la cultura pop. Sus miles de seguidores en línea lo llaman el nuevo “papacito” o “papuch” de México, variaciones de “guapo” o “papito”.
El fenómeno resulta sorprendente incluso en un país acostumbrado a figuras públicas de gran renombre. Los políticos, desde el dictador de principios del siglo XX Porfirio Díaz hasta el popular expresidente Andrés Manuel López Obrador, han compartido espacio cultural con artistas desde hace mucho tiempo. El ascenso de García Harfuch difumina aún más esa línea, fusionando la ley, la fama y la fantasía en una sola persona.
“Lo que estamos presenciando es la creación de un ícono, impulsada por el atractivo estético, el contexto cultural y el anhelo público de seguridad en medio de la violencia generalizada”, dijo Nelson Arteaga Botello, profesor de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.
Oscar Balmen, periodista y analista especializado en delincuencia y seguridad en México, afirmó que la imagen heroica de García Harfuch incluso ha comenzado a transformar la cultura del hampa. Ha observado que los productos con su imagen están desplazando a los artículos tradicionales relacionados con el narcotráfico —con motivos de El Chapo, marihuana y otras drogas— en Tepito, un extenso mercado de la Ciudad de México vinculado desde hace tiempo al crimen organizado.
Personas cercanas a García Harfuch afirman que se siente incómodo con su imagen de sex symbol. Señalan que surgió de forma espontánea y que ni él ni su equipo la cultivan activamente, aunque reconocen su valor político y no la desaconsejan. Es accesible, sonríe con facilidad y se presta a las fotos, lo que refuerza su atractivo.
María Sorté, madre de García Harfuch, afirma que su hijo es sensato, humilde y comprometido con el servicio público, consciente de que la atención que recibe por su apariencia es pasajera. Le divierten los memes y los videos virales, en particular uno en el que un hombre grita: «¡Harfuch! ¡Ten un hijo con mi esposa y yo lo criaré!».
“Esa me hace mucha gracia”, dijo Sorté, una famosa actriz mexicana.


García Harfuch no es el único político mexicano que despierta admiración. El gobernador de Nuevo León, Samuel García, conocido como “el gobernador más guapo de México”, también ha aparecido en productos de merchandising, y el expresidente Enrique Peña Nieto era admirado por su atractivo antes de dejar el cargo en medio de una gran controversia.
Más allá de su apariencia, García Harfuch es una de las figuras públicas más populares de México.“La gente lo ve como eficaz, íntegro y firme”, dijo Balmen. En un ámbito a menudo empañado por acusaciones de corrupción, García Harfuch destaca. El impulso cultural parece estar traduciéndose en capital político.
Las encuestas muestran a García Harfuch como uno de los principales contendientes en la carrera presidencial mexicana de 2030, aunque no está claro si se postulará. Anteriormente ganó las primarias para alcalde de la Ciudad de México, pero finalmente no aceptó el cargo. Ahora con 44 años, este funcionario oriundo de Cuernavaca forjó su reputación como jefe de policía de la Ciudad de México entre 2019 y 2023, bajo el mandato de la entonces alcaldesa —ahora presidenta— Claudia Sheinbaum.
Durante este periodo, se caracterizó por la disminución de los índices de homicidios y una intensa lucha contra la corrupción dentro de la institución. Posteriormente, fue ascendido a jefe de seguridad nacional tras la llegada de Sheinbaum a la presidencia.
El currículum de García Harfuch —y su linaje— contribuyen a su aura de misterio. Su padre lideró el otrora dominante Partido Revolucionario Institucional, mientras que su madre es una figura muy conocida en México.
Su abuelo, general, estuvo vinculado a la masacre de Tlatelolco de 1968, un capítulo oscuro de la historia de México.

Esa mezcla de pedigrí político, drama personal y trasfondo cinematográfico ha contribuido a transformar a García Harfuch en algo más que un jefe de seguridad tecnocrático.
Para sus seguidores, se ha convertido en un símbolo de orden en un país donde la inseguridad persiste con tenacidad. Su atractivo físico tampoco le ha perjudicado.América Peraza, florista de la Ciudad de México, elogia efusivamente a García Harfuch, describiéndolo como guapo, inteligente y elegante.
Aprecia que publique videos con sus perros —entre ellos un labrador y pastores alemanes— en las redes sociales, lo que considera una muestra de su sensibilidad. “Me emociono cuando lo veo, pero cuando habla me quedo tan atónita que apenas oigo lo que dice”, dijo Peraza en una entrevista. “Les pido que le den un abrazo y un beso de mi parte cuando lo vean”.







