Familiares de las víctimas acudieron a una ceremonia que comenzó con un minuto de silencio para recordar el impactante instante en que el vuelo 11 de American Airlines chocó contra la Torre Norte del World Trade Center.
Veinticinco años después del ataque más mortífero en suelo estadounidense, los ciudadanos hicieron una pausa este viernes para conmemorar a las casi 3,000 personas que perdieron la vida cuando aviones secuestrados se estrellaron contra el World Trade Center, el Pentágono y un campo en Pensilvania, y para reflexionar sobre las consecuencias del 11 de septiembre (11-S) que aún resuenan hoy en día.
En Nueva York, familiares de las víctimas —muchos de ellos portando fotografías de sus seres queridos— se reunieron con el vicepresidente JD Vance y cuatro expresidentes de Estados Unidos en la Zona Cero, en el bajo Manhattan. La ceremonia comenzó, como siempre, a las 8:46 a.m. con un minuto de silencio para recordar el impactante instante en que el vuelo 11 de American Airlines chocó contra la Torre Norte del World Trade Center.
Poco después, los familiares de las víctimas comenzaron a leer en voz alta los nombres de las 2,977 personas que fallecieron el 11 de septiembre, así como los de las seis personas que murieron en el atentado con bomba de 1993 contra el World Trade Center; una solemne lectura que se prolongaría durante horas. Como recordatorio del paso del tiempo, algunos de los lectores eran niños que nunca llegaron a conocer a los familiares que perdieron en 2001.
A continuación, se guardarían otros minutos de silencio para marcar los momentos en que se estrellaron los otros tres aviones y se derrumbaron las dos torres. Por primera vez, se observaría un séptimo minuto de silencio para honrar a los miles de personas que fallecieron desde 2001 a causa de enfermedades relacionadas con el polvo tóxico que contaminó el aire durante los meses posteriores a los ataques.
Gregory Carafello acudió a la ceremonia para honrar la memoria de su amigo de toda la vida, James Martello, quien trabajaba en Cantor Fitzgerald, la firma financiera que perdió a más de 650 empleados en los ataques.
El propio Carafello se encontraba en el piso 18 de la Torre Sur, pero logró evacuar a tiempo.
“Todo el mundo debería comprender que fue un día terrible y catastrófico para muchas familias”, declaró. “No eran guerreros. Eran personas como tú y como yo que iban a trabajar”.
Homenajes recorren puntos clave del 11-S
En Arlington, Virginia, altos mandos militares se congregaron bajo una fuerte lluvia a primera hora del viernes para presenciar el despliegue de una bandera estadounidense en el lado oeste del Pentágono, donde se estrelló el vuelo 77 de American Airlines, causando la muerte de 184 personas en total. Se espera que el presidente Donald Trump intervenga allí más tarde esta mañana.
También se congregaban personas en Shanksville, Pensilvania, en el lugar del siniestro donde los pasajeros lograron derribar uno de los cuatro aviones secuestrados —el vuelo 93 de United Airlines—, el cual se dirigía a Washington.
Los atentados marcaron a generaciones de estadounidenses que vivieron aquel día o crecieron tras el suceso, influyendo en la política exterior y nacional de Estados Unidos, así como en la percepción pública sobre la seguridad.
Sin embargo, para muchos de los afectados directamente —familiares y amigos de las víctimas, equipos de primera respuesta y personal de rescate—, el aniversario constituye un homenaje a las vidas perdidas en aquel día de cielo despejado hace un cuarto de siglo y al dolor que siguió.
El padre de Caroline Ogonowski, John, era el capitán del vuelo 11, que despegó de Boston 47 minutos antes de estrellarse contra la Torre Norte.
Ogonowski, que ahora tiene 39 años, tuvo a su primer hijo este año y le puso el nombre de su padre. La semana pasada lo llevó a visitar la tumba de su abuelo y este viernes asistió a una ceremonia conmemorativa en Boston.
“Este año siento una tristeza nueva al saber que nunca llegarán a conocerse”, comentó Ogonowski —quien trabajó en labores de socorro y asistencia humanitaria— en una entrevista telefónica. “Mi padre nunca conocerá a su nieto. Y mi hijo nunca conocerá a su abuelo”.
“Le debemos a mi padre y a todas las demás personas que perdimos aquel día asegurarnos de seguir enseñando a las generaciones futuras lo que ocurrió, quiénes eran esas personas, quiénes eran esos héroes y cómo nuestro país se unió y salió fortalecido de aquello”, añadió.
Dolor generacional
Desde 2001 creció una generación de estadounidenses demasiado jóvenes para recordar los ataques, pero cuyas vidas se vieron fundamentalmente alteradas por ellos.
Los ataques dieron inicio a la “guerra contra el terrorismo”, lo que condujo a las invasiones estadounidenses de Afganistán e Irak, conflictos que se prolongaron durante años. El descontento público resultante contribuyó a impulsar el ascenso de Trump hace una década, cuando prometió no iniciar nuevos conflictos en el extranjero; una promesa que ahora se ve puesta a prueba por la actual guerra con Irán.
En el ámbito interno, los estadounidenses expresaron una profunda solidaridad y patriotismo, así como pesar, inmediatamente después de los ataques.
Sin embargo, al mismo tiempo, los musulmanes estadounidenses y los inmigrantes procedentes de países de mayoría musulmana se enfrentaron a un aumento de los prejuicios y de los delitos de odio. Las encuestas revelan que el 11 de septiembre sigue influyendo en la percepción que los estadounidenses tienen de los musulmanes hasta el día de hoy.
Zohran Mamdani, el primer alcalde musulmán de la ciudad de Nueva York, se enfrentó a peticiones de algunos republicanos para que no asistiera a la ceremonia del viernes, algo a lo que él se negó.
Las víctimas no se limitaron a quienes perecieron los ataques del 11-S. Muchos equipos de rescate que pasaron semanas o meses en el lugar de los hechos tras los ataques, así como residentes de la zona y otras personas, enfermaron debido a las toxinas presentes en el aire y acabaron falleciendo.
El Departamento de Bomberos de la ciudad de Nueva York perdió a 343 miembros el 11 de septiembre. De acuerdo con cifras del departamento, desde entonces fallecieron más de 600 bomberos adicionales —incluidos algunos miembros jubilados que participaron en las labores de rescate— a causa de enfermedades relacionadas con el 11-S.
Solo este año fallecieron veintiséis personas por estas circunstancias.







