Emma Coronel confiesa su batalla contra la depresión y revela por qué empezó a hacer transmisiones en vivo

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La esposa de Joaquín “El Chapo” Guzmán reveló que recibe tratamiento psiquiátrico.


Emma Coronel Aispuro debutó como streamer en Kick con una transmisión de más de cinco horas que terminó convirtiéndose en la confesión más íntima de su paso por una prisión de Estados Unidos. Frente a miles de espectadores, reveló que recibió tratamiento psiquiátrico durante su condena, que cayó en depresión tras recuperar la libertad y que fueron su psiquiatra y su psicólogo quienes le recomendaron hacer transmisiones en vivo como parte de su proceso para salir de ese estado.

La esposa de Joaquín “El Chapo” Guzmán cumplió 36 meses de condena en Estados Unidos por conspiración para el tráfico de drogas, lavado de dinero y participación en la fuga de su esposo del penal del Altiplano. Salió el 13 de septiembre de 2023 bajo cuatro años de libertad condicional y hoy ha tratado de reposicionar su imagen, ahora como modelo e influencer.

El primer año de reclusión lo pasó en aislamiento casi total en Washington. Una celda con cama, baño y mesa, sin convivencia con otras reclusas. El único contacto social posible eran los gritos entre celdas y una hora de llamadas telefónicas al día. El primer break telefónico que le asignaron era en la madrugada, porque tenían que encerrar a todas las demás reclusas para que ella pudiera salir sola.

No hablaba inglés. Los guardias que sabían español eran pocos. El trato, dijo en el live, era racista. Otro factor fue el frío: “Casi te mueres del frío, todo de fierro, te dan una mantita y no tienes permitido tener más. Tienen contaditas, no te pueden dar una más. Ahí te mueres”, describió. La despertaban cada tres horas para verificar que siguiera ahí.

Al ser cuestionada por Lonche de Huevito y Willito si hubo días en que sintió que no aguantaba más, no lo negó: “Sí, pero recibí tratamiento psiquiátrico… Hay gente que se hace loca ahí adentro”. Sobre cómo se percibe el tiempo adentro: “El doble. Allá sientes todo doble”.

La pandemia recrudeció todo. Coronel cumplió tres cuarentenas: al llegar, cuando tuvo una crisis de migraña que requirió atención hospitalaria, y cuando contrajo COVID-19. Durante esa última, estuvo encerrada las 24 horas sin luz solar, con la comida que le dejaban por debajo de la puerta.

Sus hijas la visitaron dos veces en todo ese tiempo. Lo que más le pesó no fue el frío ni el aislamiento ni el idioma: fue saber que afuera la vida de sus gemelas seguía sin ella. En el live de Kick añadió que todavía les pide perdón, y que ellas le responden: “Mamá, ¿de qué hablas? Si no fue tu culpa”.

Coronel fue precisa al identificar cuál fue el momento más difícil de toda su reclusión. No fue el aislamiento del primer año. No fue el COVID. Fue la espera antes de conocer su sentencia.

“Cuando avanzó el tiempo antes de mi sentencia, porque es bien feo estar esperando”, dijo en el live. Describió esa etapa como un tormento sostenido: “Cuando recién llegas es como que: ‘Ah, es lo nuevo’. Tienes muchos cambios mentales. Pero después, cuando pasa un tiempo y vas a corte y tienes que esperar tu sentencia, que todavía te dan unos meses, es el tiempo que se hace más desesperante. Porque te estás imaginando: ‘¿Cuánto me van a dar?’”.

Paradójicamente, conocer la sentencia le trajo alivio. “Entra como una paz porque ya tienes en mente: ‘Okey’, y te resignas: ‘Voy a estar aquí tanto tiempo, voy a hacer esto y esto, me acomodo a esto’. Ya tienes una paz interior y te haces una idea de cuánto tiempo vas a estar ahí”.

En noviembre de 2021, el juez Rudolph Contreras la condenó a 36 meses de prisión y una multa de 1.5 millones de dólares. Coronel reconoció en el live que la sentencia pudo haber sido más larga:

“Me podían dar una sentencia más larga. Y entonces cuando dices: ‘Ah, okey, no fue el límite, pero tampoco te dieron la libertad, pero okey’. Entonces ya te haces la mentalidad: ‘Okey, aquí voy a estar tanto tiempo’. Ya lo asimilas. Ya decides cómo pasar tu tiempo: voy a hacer ejercicios, voy a enfocarme en estudiar, porque ya sé que voy a estar este tiempo, así que ya no puedo hacer nada”.

El segundo año fue trasladada al Centro Médico Federal Carswell en Fort Worth, Texas, donde pudo salir a patio, tomar sol y usar un gimnasio. Ahí convivió con un grupo reducido de reclusas bajo vigilancia estricta. “Fue como una cárcel adentro de otra cárcel, bien chiquita, que éramos diez nada más y supervigiladas”, describió.

En Texas encontró algo que no había tenido en Washington: rutina y pequeños placeres. Los martes eran el día que más esperaba porque les daban hotcakes de desayuno. “Horrible, pero yo anhelaba esos días”, dijo. Las fechas especiales eran otra cosa. “Más triste las Navidades y Año Nuevo”, recordó. También fue en ese espacio donde conoció a una mujer de Líbano de más de 60 años que hablaba seis idiomas y le dio consejos que recuerda hasta hoy.

La noche antes de salir, Coronel no durmió. “Emocionada de que… Y de que estás pensando: ‘¿Y si se arrepienten?’”, contó en el live. Explicó que en la cárcel cualquier incidente puede retrasar una liberación: una pelea entre reclusas, un corte de luz, la ausencia de un guardia. “Y yo estaba pensando todo: ¿y si cortan la luz? ¿Y si no viene el guardia? ¿Y si no hay guardias? O sea, todo se te viene a la cabeza que ese día va a pasar y que no vas a salir”.

El 13 de septiembre de 2023 salió. Antes de eso había pasado sus últimos meses en un centro de reintegración comunitaria en Long Beach, California, bajo supervisión federal. Lo primero que hizo al quedar libre fue comer tacos.

Salir de prisión no cerró el ciclo. Coronel llegó a la libertad condicional cargando lo que había acumulado adentro, y la depresión no desapareció con la puerta abierta. En el live de Kick, al ser preguntada por qué empezó a hacer transmisiones en vivo, la respuesta no fue sobre fama ni seguidores:

“Entré a hablar con mi psiquiatra y con mi psicólogo y me dijeron que me tenía que empezar a hacer cosas que me sacaran de mi rutina, a ver qué me motivaba, porque estaba cayendo como en depresión”.

Siguió el consejo. Empezó con lives en TikTok sin saber bien cómo funcionar frente a una cámara en tiempo real. Lo que encontró no fue audiencia: fue compañía. “Empecé a hacer live y empecé a sentirme como con amistades, otro tipo de amistad cortés. Me empezó a gustar, me empecé a distraer”.

El 24 de agosto de 2026, esa misma dinámica de los lives la llevó a debutar en Kick, en una transmisión de cinco horas y media que acumuló más de 13,000 visualizaciones. Al despedirse, dijo que se había sentido cómoda y que estuvo “lo más franca y lo más abierta” que había estado en mucho tiempo.

Coronel cumple actualmente una libertad condicional prevista para concluir en 2027. En enero de 2026, su defensa solicitó al tribunal federal de Washington D.C. el fin anticipado de esa condición, argumentando que le ha costado oportunidades laborales. La petición no tiene fecha de resolución.

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