El 36% de los adultos en México tiene conocimientos financieros básicos y sólo el 25% planifica sus gastos

La educación financiera puede cambiar el futuro de México: una niñez a la vez.


La educación financiera no es un lujo; es una necesidad. Según la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2023, solo el 36% de los adultos en México cuenta con conocimientos financieros básicos, y apenas el 25% planifica sus gastos y ahorros de manera regular. Estas cifras muestran que gran parte de la población enfrenta decisiones económicas sin herramientas claras, lo que limita su bienestar y el desarrollo del país.

Iniciar desde la infancia puede marcar una gran diferencia. Estudios internacionales, como los del Banco Mundial, indican que los niños que reciben educación financiera temprana desarrollan hábitos de ahorro más sólidos y mayor comprensión sobre el crédito y la inversión en la adultez. Enseñarles conceptos simples —como la diferencia entre ahorro y gasto, la importancia de un presupuesto y la noción de intereses— puede sembrar semillas que florezcan en autonomía y seguridad financiera.

No es necesario esperar a tener grandes ingresos para aprender a manejar el dinero. El aprendizaje práctico y cotidiano, con ejemplos simples como administrar una mesada, calcular precios o comparar costos, es más valioso que la teoría compleja. Entender cómo funciona el sistema financiero —bancos, créditos, impuestos— permite que las personas usen las herramientas disponibles a su favor, tanto en México como en otros países, transformando el dinero en un recurso y no en una fuente de estrés.

Además de la enseñanza en casa, el sistema educativo formal podría jugar un papel decisivo. Incluir una materia de educación financiera desde primaria hasta preparatoria no busca sustituir otras asignaturas, sino complementar la formación integral de los estudiantes con conocimientos que impactan directamente en su vida diaria. Si se logra, en dos décadas podríamos ver una generación capaz de tomar decisiones financieras inteligentes, reduciendo de manera significativa problemas como endeudamiento excesivo o dependencia económica.

Para los adultos, existen recursos prácticos para fortalecer la educación financiera:

*Planificar un presupuesto personal o familiar mensual.

*Ahorrar de manera constante, aunque sea un porcentaje mínimo del ingreso.

*Entender y comparar productos financieros antes de contratar créditos o inversiones.

*Usar aplicaciones o herramientas digitales que permitan simular escenarios financieros y crear planes personalizados.

El objetivo no es acumular riqueza de forma inmediata, sino dotar a las personas de conocimientos hábitos que generen estabilidad y oportunidades a largo plazo. La educación financiera no solo transforma vidas individuales, sino que, aplicada de manera generalizada, puede cambiar el rumbo económico de México, una generación a la vez.


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