El actor y activista político Eduardo Verástegui emitió recientemente una serie de declaraciones en las que replantea su postura sobre política exterior, particularmente en lo relativo a las relaciones de México con Estados Unidos e Israel.
Sus comentarios surgen en contraste con posicionamientos previos, en los que había señalado que, de llegar a la presidencia, consideraría a ambas naciones como aliados estratégicos.
En su nuevo posicionamiento, Verástegui pidió ser evaluado por sus ideas actuales y no por declaraciones pasadas, al reconocer que en aquel momento no contaba con una comprensión suficiente sobre ciertos temas internacionales.
Afirmó que sus opiniones anteriores, específicamente en relación con el Estado de Israel, fueron expresadas desde la ignorancia, lo que lo llevó —según sus propias palabras— a emitir juicios que no reflejaban una visión informada de la realidad.
El también productor señaló que su postura actual se basa en una revisión crítica y en un proceso de aprendizaje personal, subrayando que todas las personas tienen la capacidad de cambiar y corregir.
En ese sentido, planteó que México debe conducirse en el ámbito internacional como una nación soberana, sin subordinación a otras potencias, pero abierta a establecer alianzas estratégicas cuando estas respondan al interés nacional.
Respecto a la relación con Estados Unidos, Verástegui sostuvo que se trata de un vínculo “natural e inevitable”, debido a la vecindad geográfica, los lazos económicos y la interdependencia social entre ambos países. Indicó que esta relación debe fortalecerse bajo principios de respeto mutuo, orden y dignidad, evitando tanto la subordinación como el aislamiento.
En contraste, su postura hacia Israel se endureció de manera significativa. Verástegui expresó que no sería aliado de lo que calificó como un “régimen sionista genocida”, en referencia al gobierno encabezado por Benjamín Netanyahu. Dichas declaraciones representan un cambio sustancial respecto a sus posicionamientos anteriores y se insertan en un contexto internacional marcado por tensiones en Medio Oriente y debates sobre política exterior en distintos países.
Finalmente, el actor delineó tres principios que, a su juicio, deberían guiar la política exterior mexicana: la dignidad humana, la soberanía nacional y el bien común. Bajo estos ejes, planteó una visión de México como un país que coopera sin perder identidad, dialoga sin renunciar a sus principios y prioriza los intereses de su población en el escenario global.







